Una persona vive de acuerdo a su propia identidad cuando desarrolla su propio potencial. Cuando lo hace es capaz de lograr prácticamente todo lo que se proponga. Conoces a muchas personas así. Lo consigue porque enfoca toda su energía, utiliza toda su inteligencia y entrega todo su amor a desarrollar ese potencial porque eso le apasiona. Entonces entra en estado de flujo y disfruta de lo que está haciendo.
La filosofía para niños que yo practico va en esta línea. Si bien, trabajamos también el espíritu crítico del niño para que se pueda convertir en un ciudadano moral que sepa solucionar sus conflictos dialogando de forma asertiva. Para ello, opinamos y debatimos entre todos sobre conceptos educativos tales como: amor, mentira, miedo, violencia, libertad, atención, esfuerzo, etcétera. Todos ellos fundamentales para sentirse pleno interiormente y para disfrutar felizmente de la vida.
jueves, 8 de enero de 2015
jueves, 1 de enero de 2015
LA OTRA EDUCACIÓN
Siento deciros, hijos
míos, que el sistema educativo actual está obsoleto y que no cambiará. Así que
dedicaré mis esfuerzos a educaos de otra forma distinta a la convencional. Mi
misión como padre será, pues, educaros para “ser”. Ya se encargará la cultura y
la sociedad de hacerlo para “tener”.
En este sentido, os
educaré para que comprendáis que sois únicos, que poseéis un potencial
intrínseco que os diferencia de los demás. Eso sí, como ellos también son
únicos, así deberéis tratarlos. Tendréis, pues, que respetarlos y exigirles
asertivamente que ellos hagan lo mismo con vosotros. Por tanto, os educaré para
que os aceptéis a vosotros mismos tal y como sois, y a que hagáis lo propio con
los demás y con la realidad. Ahí radica vuestra identidad, de la que intentaré
no apartaros. Cometeré errores, por supuesto, pero aprenderé de ellos.
Como os ayudaré a diseñar
el camino para llegar a ser lo que queráis ser, os inculcaré que necesitaréis
esforzaros en lo que depende directamente de vosotros. Por tanto, os educaré
para que no tengáis miedo a la libertad, aunque os encontraréis a muchos que
intentarán impedirlo para su propio interés. Es decir, que tenéis el derecho a
vivir la vida que os dé la gana vivir. Eso sí, sin causar mal y sin hacerlo a
costa de nadie. Además, es muy probable que en algún momento de vuestras vidas
haya alguien que dependa de vosotros, por lo que no deberéis olvidar nunca la
responsabilidad que esto supone.
Por otra parte, os educaré
para que no os empequeñazcáis, aunque esto solo lo lograréis cuando tengáis un
exhaustivo autoconocimiento, ya que ahí comienza la auténtica libertad y la
justa autovaloración. De igual forma, os educaré para que no presumáis de
vosotros mismos, ya que si lo hacéis, los demás os utilizarán para su propio
interés.
Os educaré para que
siempre tengáis la mente abierta. Así sabréis escuchar y ser creativos. Una
mente que os permitirá soñar alto para progresar y que os hará tener los pies
en la tierra.
Os educaré para que sepáis
comprender vuestros sentimientos más profundos, pues estos nunca os engañarán.
Disfrutaréis, pues del amor verdadero. Es decir, que os educaré para que seáis
fieles a vuestra verdad, para que seáis auténticos, para que os améis. Solo así
podréis apostar por el “valor” y no por el “éxito”. Para ello, memorizad estas
cuatro As, por favor: Actitud, Atención, Afectividad y Autenticidad. Ya os las
iré explicando poco a poco con mis acciones cotidianas.
En definitiva, os educaré,
y sé que no me equivoco, para que viváis de acuerdo a vuestra propia identidad,
que es el mejor regalo que os ha dado la naturaleza. Por lo que os ayudaré a
que comprendáis que esto se consigue cuando desarrolléis lo que más os
apasiona. A partir de ahí, tendréis que enfocar toda vuestra energía, toda
vuestra inteligencia y todo vuestro amor a desarrollar esa pasión, a
desarrollar ese potencial intrínseco. En él radica vuestra excelencia.
Para terminar, cuando algo
de esto no lo entendáis, ¡preguntadme, por favor! De la pregunta se alimenta el
aprendizaje y la sabiduría.
José Carlos Arroyo Sánchez
Orientador filosófico,
coach y escritor
miércoles, 10 de diciembre de 2014
EL NINI Y SUS CIRCUNSTANCIAS
Como bien sabrás, el nini es una persona que ni estudia ni trabaja. Alguien que no hace nada productivo, que ve pasar su vida como un mero espectador, que llega incluso a molestar socialmente y que está en contra del mundo, en general, y de sus padres, en particular.
El nini carece de confianza en sí mismo, porque siente que habita en la “nada”. Esta desconfianza le lleva a perder la energía y la ilusión, lo que provoca, a su vez, que lo poco que hace le salga mal. La baja autoestima, pues, forma parte de su modus vivendi.
Si nos quedamos con aquella máxima orteguiana que decía que yo soy yo y mis circunstancias, entonces el nini también tendrá unas circunstancias. Y como a mí, que soy terapeuta filosófico, me gusta reflexionar y tratar sobre casi todo lo que atañe al ser humano, entonces voy a opinar sobre sus circunstancias.
Pues bien, estoy seguro que estos adolescentes, cada vez más cuarentones, han perdido su fe en el sistema, pues este les tiene asfixiados, ya que o sirves para algo productivo o no vales “nada”. Tampoco tienen expectativas de futuro, ya que el panorama laboral está como está. Además, se sienten abandonados a su suerte, sentados en la calle, fumando y sin ilusión por “nada”.
Sin embargo, estas circunstancias son externas a ellos mismos. Por lo que en un nivel más profundo, lo que les ocurre a estos adolescentes es que han perdido su Identidad en el camino. Es decir, no se tienen ni a sí mismos. No poseen “nada”.
Se creen libres porque no presentan ataduras ni se comprometen con “nada” ni con nadie, pero son esclavos de esa “nada”, porque les está determinando la calidad de su vida de forma muy seria.
No es la “nada” del que se reinventa, muy sana por cierto; ni la “nada” del sereno interiormente, mucho más sana aún; sino la “nada” de su nula Identidad, que es la más seria de todas por su capacidad de anulación del ser humano.
Y es que, cuando se aparta a un niño de su auténtica Identidad, cosa que provocan los que le rodean y su entorno cultural, lo que ocurre es que ese niño se siente abandonado. Como consecuencia, solo encuentra sentido a su vida desde dentro de su propia tribu, entre similares. Todos ellos sin Identidad, por supuesto. Y más triste aún, todos ellos sin nadie que les ayude a encontrarla.
Niños abandonados filosóficamente a su suerte, que han perdido la motivación por cualquier cosa, y que se han convertido en adolescentes completamente descentrados y apáticos. Están alienados y desconectados de sí mismos.
Y, como en esta época actual, solo nos tenemos a nosotros mismos, es decir, que nadie cuida de nadie; entonces estos adolescentes, como han perdido su Identidad, tampoco se cuidan a sí mismos. Por tanto, la “nada” más inhumana delinea sus vidas.
Con este panorama, lo más conveniente sería que encontraran su propia Identidad, pero no saben dónde buscarla y me temo que no están abiertos a encontrarla. Tampoco sus padres saben cómo ayudarlos de forma efectiva para lograrlo.
¿Qué hacemos con ellos, pues: nos ocupamos, nos preocupamos o nos despreocupamos?
José Carlos
Arroyo
Terapeuta
filosófico, coach y escritor.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Alienación parental e Identidad
En líneas muy generales, la alienación parental se da
cuando uno de los progenitores emplea una serie de estrategias basadas en un
lenguaje despectivo y en acciones manipuladoras para que sus hijos destruyan
los vínculos afectivos que mantienen con el otro progenitor, y así estos se
alejen física y emocionalmente de él. Se suele hacer, por ejemplo, porque se
busca obtener la custodia exclusiva, por celos, por una nueva relación
sentimental del otro progenitor, o para fastidiarle la vida a este.
Aparte de haber hombres
que se alienan a sí mismos separándose voluntariamente de sus propios hijos, la
estadística nos dice que en un tanto por ciento altísimo es la madre la
alienadora. Lo que ella hace es “lavar el cerebro” de sus hijos al menos de
tres formas claras: o diciéndoles, por ejemplo, que papá es malo, que nos ha
abandonado, que tiene familia nueva, o que no nos quiere; o bien, diciéndoles
que cada vez que se van con papá y su nueva familia, mamá sufre y se pone muy
triste, llegando, incluso, a llorar delante de ellos; o más grave aún,
impidiendo que el padre esté presente en la vida de sus hijos.
Además de su nula moral y
del mal que crea en sus propios hijos, este progenitor alienador, sea hombre o
mujer, es capaz, incluso, de engañar y manipular a su todo su entorno humano
para que le den la razón y hablen mal del progenitor alienado.
Como puedes intuir, es un
asunto filosófico en toda regla. Por tanto, ¿cómo afecta filosóficamente este
mal a la identidad de los niños? Para que una persona viva de acuerdo a su
propia identidad, necesita tener claro “quién es”. Este “quién es” está
determinado por su genética y por su entorno cultural. Si se manipula a un hijo
para que aparte de su vida a uno de sus padres, tanto la parte genética como la
parte cultural se verán mermadas de forma considerable. De esta manera la
identidad del niño comenzará a transformarse en una nueva identidad falsa e
impuesta por el alienador y basada en unas creencias fuertemente infundadas.
Esto es así, porque
funcionamos bajo el ciclo: “acción, sentimiento, valor, acción...” Es decir,
que el alienador dice o hace algo, los hijos tienen unas sensaciones al
respecto, estas les generan unas valoraciones con las que interpretan eso que
han oído o visto, y actúan de nuevo de una determinada manera. Así van
construyendo su jerarquía de valores y su identidad, y así viven y vivirán.
De ahí que quien manipula,
aparte de no solucionar su propio vacío existencial, intoxica a sus hijos para
que les ocurra lo mismo. Se olvida completamente del bien de ellos y se centra
en el suyo propio para intentar ser feliz a costa de crear infelicidad en otros. Altísimo
egoísmo puro y duro.
Hijos a los que se estaría
educando en la mentira y en la manipulación, y que quizá se den cuenta
demasiado tarde de ello. Cuando esto ocurre, ninguna de las vidas implicadas
tiene sentido, ni las de ambos progenitores ni, por supuesto, las de sus hijos.
Todo es falso y ese mal repercute, en última instancia, en toda la sociedad.
¿Y tú, cuidas la identidad de tu hijo?
José Carlos Arroyo Sánchez
Terapeuta filosófico,
coach y escritor
viernes, 23 de mayo de 2014
NUEVO ARTÍCULO EN LA REVISTA MI BEBÉ Y YO: Cómo detectar la baja autoestima de nuestros hijos y cómo potenciarla.
jueves, 8 de mayo de 2014
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